FÚNEBRES       

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Índice general Poesías

                 Índice FÚNEBRES


      Autor: Luis Castro Pérez
       4lcastro9@gmail.com
      Morelia, Mich. México









































































































Mi amigo Javier Martínez












































La última vuelta al ruedo, en su féretro





















































Padre Fede

 A LA MUERTE DE UN AMIGO

Moléculas de polvo y de natura,
de allí viniste y para allá marchaste,
salir y entrar sin admitir contraste
en la mundana y frágil aventura.

Por siempre nacimiento y sepultura,
mientras en medio, sin que nada baste,
un breve transitar como pasaste
para perderte en la región oscura.

Desde antes y después, eterna nada,
todos regresaremos al paraje
en materia nomás desintegrada.

¿Consuela tu recuerdo en el celaje?
tú fuiste tú, no imagen recordada:
Ningún paisaje al óleo es el paisaje.

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 AL  MAESTRO  SALVADOR IRIARTE

¡Rechinan de silencio los teclados!
¡Parecen dormitar sin energía!
Los dedos que solemne melodía
los hicieron cantar... ¡Están helados!

¡Vinieron dos Arcángeles enviados
llevándolo a la Etérea lejanía!
¡Sus acordes de dulce sinfonía
hoy alegran los rumbos azulados!

¡En toda la Celeste Jerarquía
se deleitan y están agasajados,
pues sus notas se escuchan todavía!

Y mientras, en el mundo abandonados,
dormitando..., tal vez sin energía,
¡Rechinan de silencio los teclados!

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      ADIOS  AL  AMIGO

La frase de silencio misteriosa,
en donde empieza lo que aquí termina
.

                        I

¿A dónde vas silente, amigo mío,
por aquella región estrepitosa
con el perpetuo y místico atavío?
¿Qué soberana fuerza o qué mezquina
te proyectó por la ciudad sombrosa?:
¡La frase de silencio misteriosa,
en donde empieza lo que aquí termina!

                        II

¿Qué viaje has emprendido tan sereno
en medio de la tarde sigilosa,
abandonando el mundanal terreno?
¿Qué senda venenífera o divina
te aparta de nosotros, pavorosa?:
¡La frase de silencio misteriosa,
en donde empieza lo que aquí termina!

                        III

Amigo que te vas y que te pierdo:
¡Indeleble tu imagen victoriosa
en mis páginas queda del recuerdo!
... Y una lágrima brota cristalina
del corazón sangrante que solloza.
¡La frase de silencio misteriosa,
en donde empieza lo que aquí termina!

                        IV

Tu fúnebre ambular me deja triste...
pero comprendo que en la senda umbrosa
por donde vas y por do ayer te fuiste,
delante de nosotros, repentina,
iniciaste la marcha rigurosa:
¡La frase de silencio misteriosa,
en donde empieza lo que aquí termina!

                        V

Te he perdido nomás, constante amigo,
un instante fugaz en la angustiosa
vereda mundanal en que prosigo,
porque también en ocasión vecina
seguiré por tu ruta silenciosa:
¡La frase de silencio misteriosa,
en donde empieza lo que aquí termina!

                        VI

¡Allí nos reuniremos, de repente,
que no es de todo su final la fosa,
sino el comienzo de otra vida ingente,
donde no existirá aquella cortina
que nos separe nunca, dolorosa!
¡La frase de silencio misteriosa,
en donde empieza lo que aquí termina!

                        VII

¡Y estaremos ya todos, para entonces,
en inmortal congregación dichosa,
eternamente unidos con los bronces
inquebrantables de la paz divina,
en la región secreta y venturosa!..
¡La frase de silencio misteriosa,
en donde empieza lo que aquí termina!


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      ANTE  TU  TUMBA

¡Escúchame, Javier, que vengo a hablarte
con triste voz que el corazón me arranca!
¡No quiero en tu remanso perturbarte,
pero oye, por favor, mi frase franca!

¡Escucha, por favor, que el sentimiento
me ahoga entre las penas que son muchas!
¡Quiero que me oigas, porque yo presiento
que dentro de tu calma no me escuchas!

¡Retirados quedaron esos días
que juntos fuimos a lugares lejos,
colmados de ilusiones y alegrías
por pueblos, a jugarnos los pellejos!

¿Te acuerdas, mi Javier, de tanta gira,
que por sentirnos ya partiendo plaza,
era fuerza decir una mentira
para poder salir de nuestra casa?

¿Recuerdas esas madrugadas frías
con sendos liachos bajo el propio brazo?:
¡Marchábamos los dos aquellos días
por siquiera pegar un capotazo!

¿Te acuerdas cómo siempre te acogías,
con franqueza total y sin envidia,
a las mayores experiencias mías
cuando ibas a empezar alguna lidia?

¡Cuántas tardes alegres y contentas
con la ilusión en todo su apogeo!
¡Toreamos las vaquillas en las tientas
sintiéndonos figuras del toreo!

Respóndeme, Javier, esta pregunta:
¿No volveremos más iguales que antes
a desdoblar capotes en presunta
tarde triunfal de lances elegantes?

Respóndeme, Javier, ¿Ya nunca acaso
iremos a los pueblos por las brechas,
a siquiera pegar un capotazo
y tornar con las ansias satisfechas?

¡Ya no! ¡Aquellas tardes con encanto,
aquellas aventuras del ayer,
aquellas tardes que quisiera tanto
recordarte..., jamás han de volver!

Tú bien lo sabes en el lecho santo
que ahora para siempre nos separa.
Igual que yo lo sé, pero el quebranto
de la desilusión me desampara.

Hoy el recuerdo nada más me asiste,
con su dolor que el alma me arrebata:
sólo aquellos recuerdos que impusiste
y que regaste por la vida ingrata.

Recordar solamente es lo que puedo
esa historia fragante que dejaste,
contemplando desierto tanto ruedo
mientras sufro en la vida tal contraste.

¡Esa última vuelta por el ruedo
y los gritos llorosos de ¡Torero!
que gritábamos todos en remedo
de tus tardes soñadas, compañero!

¡Ese postrero adiós de aquella tarde
en que sólo quedaban tus despojos!
¡Quise llorar también, pero cobarde
las lágrimas contuve de mis ojos!

Pues contener el llanto es cobardía
cuando al amigo noble se le llora;
y yo por tí, cuando llorar debía,
me aguanté con soberbia estafadora.

No comprendo la vida, ¡qué ironía
del destino que al hombre desperdicia:
Tú, que mereces vida todavía,
el pago postrimer fue la injusticia!

¿Acaso fue la voluntad Divina
la que ordenó tus bárbaras desgracias?
¿Será de Dios la voluntad mezquina?
¡No creo! ¡No lo creo! ¡Son falacias!

Señor: A tí que el hombre te venera
y te ensalsa de justo y bondadoso,
¡blasfemo soy mirando por doquiera
tu cruel ordenamiento caprichoso!

¡Señor: a tus designios me revelo,
porque en tus obras trágicas contemplo
caudales de injusticias y de duelo
y no lo que predican en el templo!

Señor: ¡Cuando el dolor con fuerza apremia
por aquello que llaman tus mandatos,
sólo tengo en el pecho una blasfemia
que profiero con rudos arrebatos!

¿En dónde está tu gran misericordia,
si tumbas al pilar de una familia
y dejas en el valle de discordia
impiedad, que con Dios no se concilia?

¿Qué no ves a su hermana y a su madre
en total desamparo ya las dos?
¿En dónde está tu compasión de Padre
y tu bondad congénita de Dios?

Para esos entregados a los vicios,
¡inservibles! ¡consérvasles la vida!
¡Y Javier que cumplió con sacrificios,
le marcas la partida de repente!

Señor: Si acaso existes, ¡ya lo dudo
después de atestiguar tal desbalance!
¡No puede haber un Dios injusto y rudo,
y eso contemplo en doloroso trance!

Javier: Si estás allá en el Paraíso,
díle al Santo Creador con dulce tono,
por toda la injusticia que te hizo,
con todo mi pesar... ¡Yo lo perdono!

                                                noviembre de 1980

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  PADRE  FEDERICO  ORTIZ

Abajo de esta losa muda y fría
en paz descansas como en paz viviste,
sonriente como siempre sonreíste
y alegre como fuera tu alegría.

Y luces tan torero todavía,
partiendo plaza como ayer partiste,
aunque ahora beatífico lo hiciste
al biombo de divina lejanía.

Abajo de esta losa gris e inmoble,
se oyen tus versos como canto de ave
con el fondo de alegre pasodoble.

Aquí debajo en misterioso enclave
hay una santidad augusta y noble,
a pesar que la losa ni lo sabe.

23 de octubre de 2008

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                DAIANA

Aquí te estoy mirando sin mirarte,
y tan cerca te tengo sin tenerte,
corriendo viéndote aunque estés inerte,
y charlando contigo sin hablarte.

Te vengo a dar un beso sin besarte
y a decirte que no voy a perderte,
aunque la pérfida y proterva muerte
te trasladó hasta misteriosa parte.

¿Dime, Daiana, si emprendiste el vuelo
porque este mundo te negó su asilo?
¡ Conmigo lo tendrás mejor que el cielo!

Acércate Daiana, ven y dilo,
que para siempre, en vez de ser tu abuelo,
seguiré para ti siendo tu Bilo.

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                A DON RODRIGO TAPIA

Te fuiste en el crepúsculo silente
como el agua del río, Don Rodrigo,
que un verso en su caudal lleva consigo,
pero lejos se pierde contundente.

Y habiendo estado de tu lecho ausente,
ausencia que con lágrimas maldigo,
no alcancé con mi adiós darte mi abrigo
cuando al Éter partiste trascendente.

Tu toro bravo muge en la dehesa,
y mientras... la vaquilla colorada
parece que te busca con tristeza.

¿Qué me queda nomás a la mirada?
solo el recuerdo del que no regresa,
y una lágrima triste derramada.

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aniversario21

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aniversario21

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lagodecomo


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                A GABRIEL POLIT SAUCEDO

                                                                Al amigo hermano

Así, aunque ignoto, pero estaba escrito
en esas escrituras del destino,
que emprendieras tu viaje al infinito
después de ser terráqueo peregrino.

¿Estás con Dios? Ningún humano sabe.
¿Qué sabe el vivo lo que puede haber?
Sólo sé que volaste como el ave
que se va para no volverle a ver.

No sé, pero quizá con Jaramillo
en dueto ambos en la Etérea lejanía,
el vals ecuatoriano y el pasillo
para los Dioses, ¡Vaya antología!

El pasillo que siempre has entonado:
"...Mas al mirarte cerca me figuro
que yo soy un castillo abandonado
y tú, un rosal abierto junto al muro.
"

Con todo el repertorio de Gardel,
al escucharte, el universo admira
los tangos en tu voz, como si fueras él:
El día que me quieras... Yira Yira.

No diferencio aún la realidad
con el recuerdo, donde aún te escucho.
¿Te fuiste o te quedaste? La verdad
te siento junto y te recuerdo mucho.

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      Autor: Luis Castro Pérez
       4lcastro9@gmail.com
      Morelia, Mich. México