ROMANCES       

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Índice general Poesías


                 Índice     ROMANCES



      Autor: Luis Castro Pérez
       4lcastro9@gmail.com
      Morelia, Mich. México


Índice general Poesías

          UN SUSPIRO

Pasaste ante mis ojos tan coqueta,
¡Hermoso el rostro! ¡Majestuoso el paso!
que quise convertirme en un abrazo
¡que te atrapara espléndida y completa!

Pasaste de belleza tan repleta,
¡Tan linda, nena, que de aquel vistazo,
me quise transformar en un pedazo
de caricia arcangélica y discreta!

¡Pasaste tan preciosa que por eso
me quise convertir, con suave giro,
en un romántico y rendido beso!

Sin embargo, de tanto que te admiro,
extasiado en fantástico embeleso,
¡Me transformé nomás... en un suspiro!

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          TE AYUDO A SER INFIEL

Te ayudo a ser infiel, como se ayuda
a dar al niño sus primeros pasos,
que en medio de mis ósculos y abrazos
como un espectro volará tu duda.

En la nocturnidad oscura y muda
te llenará cupido de flechazos
para que al fin olvides tus rechazos
mientras mi loca mano te desnuda.

Déjame ser tu cómplice en pecados:
romance por destinos florecidos
no queden por prejuicios perturbados.

Tu cuerpo con mi cuerpo tan unidos,
mientras pasan cantando unos alados
que tornan nuevamente hasta sus nidos.

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          TE EQUIVOCASTE DE NIDO

Te equivocaste pájaro de nido,
errores que la vida no perdona,
así que abre tus alas y abandona
lo que nunca te habrá pertenecido.

Pero antes de que hubieres ya partido,
con flores de tu llanto confecciona
tejida con tu amor una corona
y luego deposítala en su nido.

Y al horizonte ve a desvanecerte,
sabiendo que ya nunca habrás de verla
si acaso en el recuerdo hasta la muerte.

Quimérica ilusión, perdida perla,
que pudieras por ella enloquecerte,
pero jamás... jamás aborrecerla.

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             TE ACORDARÁS DE MÍ

Te acordarás de mí desde tu invierno,
cuando ninguna leña quite el frío
y que las aguas de mi andante río
se hayan revuelto con el mar eterno.

Te brotará desde lo más interno
taciturna o feliz, recuerdo mío,
tal vez inútil, o quizás tardío,
del que te amó hasta con amor paterno.

Alguna vez será: yo sepultado
mientras tú continuando por la vida,
pues va mi calendario adelantado.

Así será, mas no porque lo pida,
que bastará que me hayas recordado
para seguir a mi cariño unida.

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              QUEDA NADA

Pujante, vigoroso, todo vida,
como es la juventud igual lo era
aquel excelso amor, amor que fuera
toda fuerza de amar jamás nacida.

Mas la distancia que es amoricida
envejeció al amor de igual manera
que el joven se avejenta aunque no quiera,
y muere, se le entierra y se le olvida.

Si ya la vida no se manifiesta
porque al amor su flama fue apagada,
ya nomás un sepulcro es lo que resta.

Y después que la fosa fue cerrada,
por muy difunto, cuando ya no apesta,
es que ni del cadáver queda nada.

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      ¡QUÉ HERMOSA ERES!

Como la brisa que susurra un lago
y el pétalo tan suave de la rosa,
cuando cayó tu ropa despaciosa,
así sentí tu piel, ¡qué bello halago!

Sediento me bebí de un solo trago
extasiado de verte tan hermosa,
la codiciada y suave mariposa
donde mi fuego del calor apago.

Ay, la belleza que tu cuerpo tiene,
que con tu voz primaveral la cantas
con insinuante beso sin que truene.

Y allí donde tan linda te levantas,
besé el paisaje que tu cuerpo tiene
desde tu cabellera hasta tus plantas.

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              A TODAS LAS MUJERES


A todas las mujeres que algún día
en sus recuerdos me llevaron preso,
a todas las que en vana idolatría
en mis recuerdos las llevé poseso.

A todas las que quise y me quisieron,
a las que nunca amé, pero me amaron,
a las que quise y no correspondieron,
a las que amándolas me abandonaron.

A todas las que días, las que meses,
con dolor las llevé en mi pensamiento,
y a las que en mí pensaron esas veces
que sólo nos unió distanciamiento.

A todas las mujeres que su boca
amoroso besé, preciado bien;
y a las que ahora la nostalgia invoca
me besaron románticas también.

A todas las que allá en su lejanía
tuvieron para mí con embeleso
sensual suspiro mientras nada de eso,
ajeno ni siquiera lo sabía.

A todas las mujeres que por bellas,
y por llevar camino diferente,
enamorado suspiré por ellas,
suspiro que tragose el occidente.

Si todas en mi historia se han quedado,
haya o no disfrutado de su abrigo,
a todas las mujeres del pasado,
hoy a todas, a todas las bendigo.

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              NUNCA HAS AMADO

Hablas de amor como si amado hubieses
con ese corazón que va desnudo:
¿Cuándo extasiado de mirarlas pudo
el ciego flores disfrutar a veces?

Para esa tu actitud no existen jueces,
lo tuyo no es amor, es un escudo:
¿Cuándo le recitó a la mar el mudo,
o en una admiración llamó a sus peces?

Y aunque románticos cantares reces
lo tuyo no es amor, conquistadora,
a pesar de que tantas bocas beses.

Sigue coleccionando, encantadora,
placer con los demás que te atravieses,
aunque hayas desahuciado al que te adora.

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              EL AMOR DE LA VIDA

Solamente una vez amar se puede
es terrible falacia y desacierto,
solamente una vez se nace, es cierto,
y una vez nada más morir sucede.

Pero es posible que el amor se hospede
mientras el corazón esté despierto,
una y diez veces porque en ese huerto
justamente el amor puso su sede.

Pero siempre de todos, uno habrá
en increíble página amorosa,
hay uno que entre todos, uno está,

el amor de la vida que se posa,
que por siempre se lleva y que se va
prendido al corazón hasta la fosa.

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          NADA HABÍA

Del yermo de mi vida nada había,
si acaso una pradera abandonada
tan solo entre sus ruinas visitada
por las ansias de amar, en fantasía.

Fuente sin agua, catedral vacía,
en un amanecer sin alborada.
¿ Cómo esperar que donde sólo hay nada
brote un amor hasta la idolatría?

Y sin embargo, por el cielo enviada
cruzó mi senda venturoso día
misteriosa mujer, igual que un Hada.

Y allí en mi corazón que nada había
con la fuerza impetuosa de cascada,
brotó mi amor en donde nada había.

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               ES COSA MÍA

No tienes que pedirme que te olvide
porque esa decisión me corresponde,
tú puedes retirarte no sé a dónde,
que en lo demás mi voluntad decide.

Que nada tu partida la intimide
como avestruz que la cabeza esconde,
a tus propósitos nomás responde
y nada de lo ajeno se te anide.

Cuando la barca de tu amor ya parte,
porque te vas como llegaste un día,
si deja o no mi corazón de amarte

no ha de secarse entonces la bahía:
que si vuelvo amoroso a recordarte
o si acaso te olvido, es cosa mía.

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     ALGO DE TI ME FALTA

Hay en mi vida un algo que le falta,
hay algo que me falta y no sé qué es.
¿Soy cerveza carente de su malta,
o calendario que le falta un mes?

Hay algo en mi interior que está vacío,
lo voy sintiendo, pero no sé qué es.
¿Soy capitán de buque sin navío,
o borde de una tela sin su bies?

Me miro nido, pero no hay ramaje;
me miro arroyo, pero no hay un cause;
me miro campo, pero no hay paisaje;
me miro bosque, pero no hay ni un sauce.

Ese misterio en mi existencia ausente
sé que es algo de ti porque lo intuyo,
un algo raro del que solamente,
aunque no sepa qué, ...es algo tuyo.

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             ¡QUÉ TARDES!

Tardes que no debieran terminar,
horas que parecieran recortadas
para que nuestra historia como de hadas
no fuera para siempre a perdurar.

Qué tardes inventamos sin pensar,
inenarrablemente apasionadas,
como si hubiesen sido reservadas
para, como volcán, erupcionar.

Cuánta fogosidad y cuánta entrega
en nuestros amoríferos alardes
donde la ignífera pasión navega.

Cuando en mis brazos y caricias ardes,
cuando tus besos mi lujuria anega,
¡qué tardes inventamos, ay, qué tardes!

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            ME VOY

Me voy, como las aguas de los ríos
que al mismo sitio nunca más regresan;
como aves que horizontes atraviesan
dejando nidos y árboles vacíos.

Como se van los pastos con los fríos,
como polluelos que a volar empiezan
como las olas que a la mar regresan,
me voy para olvidar mis extravíos.

Es tiempo de marchar, llegó el momento,
y aunque dichosas horas las viví,
es el final como si fuera un cuento.

Castillos que en el viento construí
como nubes sin forma ni sustento,
por eso lentamente la perdí.

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          TODAVÍA

¡Una sonrisa de sus labios rojos,
soborno de romance y fantasía,
coquetamente para mí tenía,
enredada a las niñas de sus ojos!

Con un suspiro intrépido de antojos
a tan sonriente ver, le respondía... ,
hasta que su destino, cierto día,
le cambió sus sonrisas por enojos.

Sus ojos hoy me miran diferente,
¡sin aquella romántica alegría
que le suplió el enfado, de repente!

Y aunque ahora al mirarme no sonría,
con que me mire tengo suficiente
¡ para así suspirarle todavía !

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          DESPUÉS DEL OLVIDO

Fuiste tú la mujer insospechada
de quien me enamoré por vez primera,
cuando apenas el sol de primavera
a alumbrar empezaba mi jornada.

¡Mi locura por tí fue demasiada,
pero muy tierna para entonces era!
y aquel amor que tan sublime fuera,
se perdió con el tiempo y con la nada.

Y a la fuerza del tiempo y la distancia
olvidado de todo ya me había,
por la falta, tal vez, de tu constancia.

Y hoy que te vuelvo a ver, en este día
te recuerdo otra vez con tal fragancia,
¡que siento que te adoro todavía!

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          TU NOMBRE

Mariposa de amor que sin capullo
en una paradoja vas volando,
alguna vez será, no sé ni cuándo,
que partiré tan lejos de lo tuyo.

Esclavo del destino donde bullo,
no voy a su escritura adelantando,
pero si en esta vida andando ando,
alguna vez me detendré, lo intuyo.

Y moriré tan lejos de tu vida,
¡Ay, qué distancia y cuánta lejanía
que ni siquiera exista despedida!

Y sin embargo, cuando llegue el día,
aunque estés de mi vera ya tan ida,
tu nombre lo tendré en la boca mía.

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          A TUS MANOS

El hombro que te sirve de almohadilla,
y horizontes que ocultan mis arcanos
para escurrir sobre mi piel tus manos
desde el pecho bajando a la rodilla.

Tu tacto tan sutil, qué maravilla;
tus dedos a mi todo, qué cercanos;
vehemencia en mis antojos tan humanos
y un suspiro que va en su tonadilla.

Eruptivo volcán que todo arrasa
con el fragor de bárbaro entusiasmo
de alguna lava convertida en brasa.

Y en el final, sonrisa del sarcasmo,
- paradoja después que todo pasa -
sólo queda el remanso posorgasmo.

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          GIANINA

Por escuchar tu voz es mi osadía:
tu voz cual dulce nota cantarina.
¿Cómo decirte cuánto me fascina?
¿Qué hacer por escuchar tu melodía?

Por tu faz que coqueta se atavía
con la rara belleza femenina:
¿Cómo decirte que eres tan divina?
¿Qué hacer porque tu boca me sonría?

¡Por tu forma sensual que engolosina
y por llevar la gracia y simpatía
del rítmico aletear de golondrina!

¡Por eso... por tu suave anatomía
y tus formas simpáticas, Gianina,
por eso me arrancaste una poesía!

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          TUS CABELLOS

Me encanta tu cabello y me subleva,
pues de sólo mirarle su delicia
quisiera regalarle una caricia...
¡Y acariciar también a quien lo lleva!

Me arroba tu cabello donde abreva
la sublime ilusión que me desquicia:
besarte tu cabello y sin malicia
¡besar feliz también a quien lo lleva!

¡Me encanta tu cabello! ¡Me fascina
tu cabellera lúcida y divina,
como me encanta igual la que la lleva!

Sólo puedo escribirle una poesía
al cabello sensual que te atavía,
¡Y a la mujer hermosa que lo lleva!

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          TU SONRISA

Tu sonrisa, armoniosa melodía,
¡como dulce canción de serenata!
en tus mejillas de mujer retrata
el mágico candor de tu alegría.

Tu sonrisa jovial como poesía,
¡como murmullo de la rima grata
que al brotar de tus labios te delata
toda llena de encanto y simpatía!

Tu sonrisa, sensual antología
de la exquisita gracia que arrebata
un suspiro de amor y pleitesía,

Al brotar de tus labios escarlata,
como una delicada fantasía,
¡Parece una canción de serenata!

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    POR LA TARDE IRÉ A VERTE

Cuando el crepúsculo puntual despierte,
iré por esos ámbitos a verte
con las locas pupilas de mis ansias.
... Y mientras tanto, quiero que a ponerte
en tus labios de raras excitancias,
vayas, ¡una sonrisa esplenderosa!
¡No les pongas pinturas ni fragancias,
ni pongas en tus labios otra cosa
que sólo tu sonrisa deliciosa!

Cuando la tarde se diluya inerte
despilfarrando estrellas en su muerte,
con el iris febril de mis antojos
iré, por ese cosmos, para verte.
... Y mientras tanto, quiero que a tus ojos
no les pongas ninguna maquillada,
ni sombras negras ni postizos rojos,
sino exclusivamente tu mirada
que salga a tus sonrisas enredada.

No le pongas un moño a tu cabello
y deja que resbale por tu cuello
¡fantástico y oscuramente lacio!,
insinuando ternuras su destello.
Nada le pongas, porque yo despacio
le pondré mi caricia de artesano,
para dejar que escape en el espacio,
¡que escape tu cabello soberano
en medio de los dedos de mi mano!

Cuando la tarde en el poniente baje,
iré a buscarte en medio del celaje,
entre excitantes ilusiones preso.
No quiero que les pongas maquillaje
a tus mejillas rosas, pues para eso,
con el tersor de osito de peluche,
yo les pondré un altitonante beso
envuelto con deliquio en el estuche
de su chasquido... ¡que hasta Dios lo escuche!

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          ¡QUÉ FALTA LE HACEN!

¡Qúe falta le hacen tus mejillas suaves
a las caricias leves de mis manos,
igual que en los floríferos veranos
requieren de los árboles las aves!

¡Qué falta le hace tu mirada tierna
de mis ojos al iris sitibundo,
así como conforta al moribundo
la fe de que lo espera vida eterna!

¡Y los candentes besos de mi boca,
cómo precisan de tu rostro suave,
igual que entre las aguas ya sin nave
necesitan los náufragos la roca!

¡Cómo le falta en pasional pareja
tu cuerpo a mis románticos abrazos,
como el triunfo hace falta en los fracasos,
como requiere flores una abeja!

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          ME ENCANTAS

He venido a decirte que me encantas,
y a eso vengo porque no me atrevo
en mi extasiado sueño donde abrevo,
no me atrevo a decirte... ¡que me encantas!

En una fantasía te levantas
y en ella muy romántico te llevo.
Inseparable, como el pez al cebo,
en mi memoria vas... ¡porque me encantas!

Indescriptible Venus de Citeres,
te he llenado en mis dulces fantasías
de besos, de caricias y placeres.

Has colmado mis versos de poesías,
nomás porque me encantas y porque eres...
¡Eres la musa de mis fantasías!

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          UN BESO

Quisiera darte un beso tan voraz,
un beso con pasión y saña impía,
tan candente que quieras otro más
y me digas que me amas y eres mía.

Un beso eterno que con ansia loca
en tus labios se anide placentero,
que al dejarlo, mi niña, allí en tu boca,
me asesine al decirte que te quiero.

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          ¿POR QUÉ ERES TAN HERMOSA?

¿Por qué eres tan hermosa?... no lo entiendo.
¿ Por qué de tus miradas salen rosas?
¿ Por qué con tu sonrisa que alborozas
le pones a tus labios tierno atuendo?

Al rayo le pregunto y a su estruendo:
Ante dios de qué méritos tú gozas
para que encima del total de cosas
la más linda a mi niña vino haciendo.

¿Tanta gracia por qué a ti solamente?
le pregunto a la luna misteriosa
y también al ocaso del poniente.

Y me dicen con frase silenciosa
que ni dios, aunque siendo omnipotente,
pudiera hacer mujer tan primorosa.

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    UN PÉTALO A LA VIDA LE ARRANQUÉ

Nunca sabré ni cómo ni por qué,
que a pesar de un designio irreverente,
cuando la vida me golpeó furente,
un pétalo a la vida le arranqué.

Un pétalo de dicha que encontré
cuando cruzaste misteriosamente
la senda de mi vida de repente,
como un sol que amanece y ya se fue.

En medio de los golpes de la vida
fue contigo ese pétalo que hallé
cuando toda esperanza estaba ida.

Eres tú el pétalo que tanto amé
y por ti en mi sendero aparecida,
un pétalo a la vida le arranqué.

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¿POR QUÉ ME HAS ALEJADO DE TU VIDA?

Caminando con paso lento, lento,
sin rumbo y cabizbajo por la calle
voy recordando con puntual detalle
lo que ahora me roba hasta el aliento.

Voy recordando lo que fuera nuestro
y preguntándome con fe perdida
por qué me has alejado de tu vida
cual si a tu amor le hubiere hecho un secuestro.

Atardeceres de incipiente invierno
cuando las tardes tibias no eran frías,
¿ cuándo vienes? dichosa me decías
con un suspiro delicado y tierno.

Y hasta también para escuchar los grillos
al ocultarse Febo me dijiste
"te esperaré mañana"... y ya lo viste
siempre fui entre celajes amarillos.

Y una casita nos miró discreta
cómo te daba un beso tan soñado,
cómo te acaricié desde la inquieta
tormenta de mi amor aprisionado.

Esa casita que escuchó prudente
mi plegaria de amor en tus oídos,
y el campo que fingiéndose durmiente
escuchó de mis besos sus chasquidos.

Se fueron el invierno y primavera,
pero tú la mujer que tanto quiero
no volviste a decirme más: "te espero
mañana
"...o "cuándo vienes"... ni siquiera.

Ceñida una corona entre mis sienes,
corona de nostalgia y añoranza,
se fue despedazando la esperanza
de volver a escucharte ¿cuándo vienes?

Y si mis ojos ya no pueden verte
y tus labios tampoco ya besarme,
¿ no es eso tu manera de alejarme?
¿ no es acaso lo mismo que perderte?

¿Por qué voy por las calles cabizbajo?
porque me has apartado de tu vida
agregándole a mi alma nueva herida
con las que sabes bien que me amortajo.

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       QUERERTE Y OLVIDARTE

Para ya no quererte y olvidarte
mi vida se convierte en paradoja:
árbol que se desprende de la hoja
para que le renazca en otra parte.

Resulta inevitable recordarte
cuando anhelo probar que no se aloja
tu recuerdo en mi mente que te arroja
para luego sonámbulo buscarte.

¡Ya no quiero quererte!... y cuando invento
la forma de mi pecho ya expulsarte,
te adoro más y más en ese intento.

Te olvido recordándote y, aparte,
no dejo de quererte ni un momento:
¿ Tendré ya para siempre que adorarte?

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       ¡CÓMO ME DUELE!

¡Qué añoranza me da tu lejanía:
cómo me duele recordar ya triste
que en una realidad te convertiste
cuando eras mi amorosa fantasía!

¡Cómo me duele recordar el día
que mis archivos del silencio abriste,
dolor de un alma que de amor heriste
la noche que en tu lecho fuiste mía!

¡Cómo me dueles tú, me duele tanto
tu ausencia, tu silencio, ya no verte
y tu sensual sonrisa con su encanto!

¡Me duele no dejar ya de quererte,
me duele tanto amor que no sé cuánto
es esto vida y cuánto ya es la muerte!

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       ERES A TU SONRISA

Eres a tu sonrisa fascinante
como el verso de Dante a su poesía,
como la luz del astro rey al día,
como es a su verónica, Morante.

Eres a tu sonrisa subyugante
como es a la canción su melodía,
como a la quieta playa su bahía,
como era Don Quijote a Rocinante.

Sonrisa que no queda en otra boca,
que pintarla de besos se apetece,
que me encanta, derrite y que me aloca.

Sonrisa que en tus labios sólo crece,
que a escribirle un soneto me provoca
¿quién mirarla siquiera se merece?

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       TAN LEJANA

La vida inexorable se descara
con sus caprichos de sentencia impune:
si ahora es el amor el que nos une,
¿Por qué con la distancia nos separa?

Si tanto añoro acariciar tu cara,
me obliga de tus besos a que ayune,
como si fuera un insensible inmune
que tus amores no necesitara.

Entonces lanzo un grito al infinito:
¡Te adoro!... ¡Mi pasión es sobrehumana!
¡No me cabe este amor, te necesito!

Pero esa mi ansiedad nada se gana,
pues si en la inmensidad viaja mi grito,
¡Sigue estando mi estrella tan lejana!

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              PIEDRA

Yo le entregué una rosa que llevaba
el infinito amor que me incinera,
sin una espina que al dolor esclava
su mano lastimársela pudiera.

Así se la entregué porque la llevo
unida a mi existencia como hiedra,
y aunque en la copa de sus labios bebo,
por esta flor ... ¡me devolvió una piedra!

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       ME ENCANTA

Cuando tu rostro entre mis manos preso
lo contemplo tan cerca de mis ojos,
al declamarme un recital de antojos
me provoca un romántico embeleso.

No puedo sostenerme y me tropiezo
para caer de amor hecho despojos,
al paraíso de tus labios rojos
en donde dejo mi extasiado beso.

Tu mirada serena y amorosa,
como caricia celestial ¡me encanta!
y tu sonrisa mágica de Diosa.

No sé por qué, no sé, pero ¡me encanta!
tu pelo que tan lacio se alboroza,
tus facciones, tu piel, todo...¡me encanta!

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       ¡YA, POR FAVOR, YA!

¿Por qué te aferras como musgo al tallo
de mis recuerdos a quedar prendida,
si se agotó el capítulo de vida
donde las flores ya no son de mayo?

¿Por qué te aferras, como estruendo al rayo,
al esclavo mental que no te olvida,
si busca el pensamiento que te anida
dejar de ser tu crónico vasallo.

El oro en el desierto no hace rico:
¡ya no me hagas vivir como demente
que de ésta mi añoranza ya claudico!

¡Salte ya, por favor, ya de mi mente!
¡Déjame en libertad, te lo suplico!...
Mas pareciera que te digo... ¡Vente!

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    MARIPOSA DE MIL FLORES

De mil flores gozaste, mariposa,
y de todas, sus pólenes libando,
con esa libertad maravillosa
del lepidóptero que va volando.

Entonada victoria, dulce canto,
mientras te dure el vuelo de las alas,
porque el placer, por mucho, nunca es tanto,
cuando son tan efímeras las galas.

Tú, de miles de flores, pero acaso
¿no has pensado que allí donde te posas,
que cada flor donde quedó tu paso
también ya recibió mil mariposas?

La vida no perdona y a tu vuelo
alguna vez lo vencerá el agobio:
las flores seguirán mirando al cielo,
y tú sin una de ellas, eso es obvio.

Al ave de su jaula al liberarla
volará abandonando su ostracismo,
ingenua la postura de esperarla,
que volverá, creyendo, a donde mismo.

Y acaso si en sus aguas se abandona
donde el torrente arrastrará al navío,
¿flotando tornará a la misma zona
que lo alejó una vez el mismo río?

Así se alejarán todas tus flores
aunque las cuentes y hayan sido miles,
ninguna volverá por tus amores,
no tiene el calendario más abriles.

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            ¡QUÉ FRÍO!

¡Qué frío! ¡Cuánto frío me congela
adentro de la fosa de tu olvido,
si en el abandonado y yermo nido
el ave de tu indiferencia vuela!

En este cementerio, ¡cuánto hiela
con el cadáver de tu amor tendido:
de todas tus miradas excluido
y que toda sonrisa me cancela!

¡Qué frígido glaciar tu indiferencia,
sin nada ya de lo que fuera mío,
con nada, más que acaso con tu ausencia!

Nada de ti, anochecer sombrío,
que en ese témpano de la abstinencia,
tu abandono congela, ¡Ay, cuánto frío!

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      ¿EN DÓNDE ESTÁN?

¿En dónde está tu boca? me preguntan
mis labios con las ansias de tu beso,
porque hace tanto tiempo, ya en exceso,
los tuyos y los míos no se juntan.

Y de tus ojos, ¿dónde su mirada?
me preguntan mis ojos y suspiran,
pues hace tanto tiempo no me miran
teniéndote de mí tan separada.

¿En dónde está tu cuerpo tan hermoso?
le preguntan mis manos al ocaso
queriendo encarcelarte en un abrazo
mirando que hace tanto no lo gozo.

¿En dónde están esas mejillas suaves
que alguna vez acaricié con miedos?
me preguntan las yemas de mis dedos
y les digo que sólo tú lo sabes...

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      ¿ODIARTE?

¿Pero cómo capaz de odiarte fuera?
¿ Cómo puede caberte esa sospecha
si no he podido separar la flecha
por la que vivo en árida quimera?

¿Es que ignoras que aquello que quisiera
es abrazarte y abrazarte estrecha
hasta que me odies tú como quien echa
la bazofia a las llamas de la hoguera?

Quisiera con mis yemas cada parte
de tu cuerpo sentir y despacioso
acariciarte y más acariciarte.

Abrazos y caricias sin reposo
hasta que me aborrezcas..., pero ¿odiarte?
Imposible que te odie ni en esbozo.

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      COMO UN TIGRE

Quiero atrapar tu cuerpo con mis manos
en donde mis caricias te avasallen,
y que en tu piel completa se desmayen
como suspiros que se van lejanos.

Llegar con el calor de los veranos
hasta la gloria en que tus labios se hallen,
donde amorosos ósculos encallen
en playas de románticos ocëanos.

Que mis brazos, cual trigre en cacería,
te atrapen con dulzura, sin fiereza,
hasta que toda te convierta en mía.

Sin mordiscos, más bien como te besa
el diario amanecer tu anatomía,
devorarte con mágica terneza.

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      ME DUELE YA TU AUSENCIA

Me duele ya tu ausencia y me lastima
sangrando al alma tanta lejanía,
hiriente sensación que no eres mía
como verso carente de su rima.

Tu mirada amorosa que me mima,
y el cuerpo aquel que acaricié algún día,
me pesa no encontrar su cercanía
como una carga que se lleva encima.

Sentir tus besos como el sol, lejanos,
y al saberte distante, siento frío,
como si no existieran los veranos.

Como cause que no abandona el río
lo quiero nuevamente entre mis manos:
¡ Añoro tanto lo que ya fue mío!

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              JUGUÉ SIN CARTAS

Jugué por un amor a la baraja
sabiendo que fugaz amor sería,
y a pesar de que juego no tenía
le aposté estando al cuello la navaja.

Sin tener cartas, sólo desventaja,
por un amor que poco duraría
me la jugué aunque todo perdería,
apuesta de dolor y de mortaja.

Y lo acepté, pues ser correspondido
en el amor es algo tan hermoso
que así perder está muy bien perdido.

Se fue ya de mi lado y la sollozo,
y aunque esto lo esperaba, ya se ha ido:
pago lo que aposté tan doloroso.

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          CULTIVASTE UNA FLOR

Cultivaste una flor en tu jardín.
Y con todo el cuidado de hortelana
lograste que sus pétalos al fin
abrieran a la luz de una mañana.

En los atardeceres de embeleso
aquella flor repleta de fragancia
la regaste amorosa con tu beso...
sólo al principio con sutil constancia.

Mas te fuiste a cuidar otros jardines
donde quizás tuvieras muchas rosas,
pensando en los comienzos, no en los fines,
o creyendo en las Hadas milagrosas.

Y al dejar esa flor abandonada
por darles a las otras tus cuidados,
se fue muriendo, convirtiendo en nada,
seco el tallo, sus pétalos doblados.

Pero por esas cosas del destino
que a veces nos parecen disparate,
apareció como astro vespertino
una mano de luz a su rescate.

La cambió de jardín dándole riego,
de amores la llenó y agradecida
aquella flor agónica muy luego
recobró sus colores y la vida.

Y en medio de la brisa mañanera
sus pétalos abiertos parecían
suplicarle a su nueva jardinera
como polluelos que a su madre pían:

No me tires también al abandono
como antes ya lo estuve en el desierto,
necesito tus riegos y tu abono,
como requiere un fruto de su huerto.

Fue como el Lázaro que de su fosa,
con levántate y anda que le vino,
volvió a la vida en forma milagrosa
para seguir andando su camino.

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              TUS OJOS

¿Qué vuelve tan hermosos a tus ojos,
voy siempre preguntándole a las nubes?
¿ Se los quitaste acaso a los querubes
para darle en tu rostro sus alojos?
¿ O es la sonrisa de tus labios rojos
la que en complicidad tan femenina
a tus miradas hondas ilumina?
¿ O es que tu rostro así ya es todo bello?
tu pelo, tus sonrisas, ¿es por ello
que el mirar de tus ojos me fulmina?

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          DOS COSAS OLVIDÉ

Cuando llegó el momento de marcharme,
empaqué en la maleta del olvido
todas mis pertenencias, decidido
para emprender mi viaje y alejarme.

Revisando que nada se quedara
todo lo recogí, cual peregrino
que esclavo de mi déspota destino
lo dejé que a su gana me llevara.

Me transportó como si fuese nube,
lejos de la mujer de mi embeleso,
ni una mirada más, ya no otro beso,
porque con todo lo pasado tuve.

Y ahora que reviso mi equipaje
detecto que dejé por un olvido
dos cosas sin querer, oh, qué descuido,
si no tiene retorno ya mi viaje.

Dos cosas no empaqué, que fueron dos,
dos cosas le dejé no intencionado,
dos cosas al marcharme de su lado,
dos cosas no me traje, fueron dos.

Que se las quede si es de su apetencia,
o que las queme si mejor le place,
en fin, ella verá con ellas qué hace:
son mi eterno silencio y es mi ausencia.

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      Autor: Luis Castro Pérez
       4lcastro9@gmail.com
      Morelia, Mich. México